LA POSICIÓN ACTUAL DE LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA

LA POSICIÓN ACTUAL DE LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA
Carlos Perón Cano 

Es un hecho claro que la música contemporánea, entendida como música intelectual o culta, derivada de los planteamientos estéticos de principios del siglo XX ha tenido un papel notable dentro de la Historia de la Música. Compositores como Schoenberg o  Messiaen han abierto puertas a nuevos lenguajes o nuevos conceptos de la escucha musical o de planteamiento compositivo; el crisol de variedades que a partir de entonces se produce es rico e interesante, sobre todo después de la II Guerra Mundial.

Mientras el transcurrir de los hechos artísticos, en todas las disciplinas, produce una creatividad y riqueza de planteamiento en crescendo, apoyado a veces por la tecnología, como es el caso de la música electroacústica, también se produce un hecho menos afín al creador sincero, que es la afiliación a ciertas estéticas por razones de intereses personales.

Si algo hay de inoportuno y mediocrizante es la intromisión de la política y el oportunismo dentro de la música como arte. Este hecho ha provocado el desplazamiento y la marginación de verdaderos músicos con talento, pero poco dados a las relaciones públicas, y el entronamiento de compositores de dudosa capacidad creadora.

Es curioso y llamativo corroborar este punto conforme van pasando los años, y los autores (no todos) que antes eran mitos vivientes, caen casi en el olvido tras su muerte, y aquellos, como el caso de D. Shostakovich, gran sinfonista soviético, que fue vapuleado  por aquella vanguardia occidental tan reacia a la tonalidad, que llegó a renegar de ella, ve cómo su música tiene cada vez mayor aceptación y presencia.

La vanguardia como hecho histórico es muy interesante y motivador, pero como realidad musical dentro de otra realidad social que es la sociedad actual es bastante vacua.

A mi parecer son varios los puntos que han provocado esta situación decadente.

La primera y más importante es el abandono del sistema tonal como eje estético; por mucho que se diga acerca de las bondades de las músicas atonales, muy pocas de estas últimas son las que tienen aceptación en un público profano. Y no olvidemos que somos gente, que la Sociedad está formada por conjuntos de individuos, que conforman un sentir general; esto no quiere decir que algunas de estas obras no sean de gran calidad.

Los postulados vanguardistas, que con el afán de desprenderse de los estigmas del pasado que provocaron los horrores de la guerra, promovieron una alternativa que era encerrarse sí o sí en una ideología cuadriculada, autoritaria y poco laxa, con la bandera de lo anti-tonal por lo general.

La postura egocéntrica y a veces mística del creador, como elemento social al margen de todo y quien debía escribir una música propia al margen de todo gusto popular, ya que este último era sinónimo de populismo y falta de cultura. Las nuevas tendencias estéticas como el Rock and Roll eran prueba de ello. De ahí que al autor contemporáneo y culto la gente, o mejor dicho, el gusto popular no contase para nada.

La ingente cantidad de dinero, sobre todo tras la gran Guerra, que los Gobiernos dieron (y continúan dando, aunque mucho menos) han creado la realidad de una música totalmente subvencionada, ya que no tiene prácticamente reclamo social. En este punto se produce una paradoja muy graciosa: la vanguardia reniega del público “inculto” pero necesita de su dinero para poder subsistir.

Esta política de subvenciones provoca grupos de élite o mafias, que al son de las entidades que dan este dinero para poder costear este arte, cierran filas y se aprovisionan bien para mantener su status económico y de influencias. El Estado les permite vivir muy bien.

Tras el punto anterior se fusionan arte y política hasta tal punto que ya no podemos distinguir una cosa de la otra; surge la figura de político que hace arte, como justificación a sus ingresos económicos. Lo primero es dinero, poder y estrenar en los mejores escenarios, y después escribir lo que surja, no importa de qué calidad sea, ya que todo lo anterior está garantizado.

Seguir con ese afán de “vender” la realidad de la música contemporánea como la guía del futuro; muchos se empeñan en hacer valer la música atonal contemporánea como una realidad que nos marca y marcará el camino en el siglo XXI; que esta música cada día tenga menos aceptación entre la sociedad, y dicho sea de paso, entre los instrumentistas en general, no va con ellos.

Una de las cuestiones más preocupantes es la falta de talento, en general, de estos creadores. He visto con perplejidad cómo se reduce y simplifica el oficio de compositor  al simple manejo de una paleta de ruidos y procedimientos “que dan el pego”; de cómo hay jóvenes autores que son copia de copia de copia de otros compositores más viejos que ellos, pero que desconocen por completo. Aún así se sienten muy originales y transgresores, están orgullosos de lo que hacen; creen que están haciendo historia. Lo más trágico es que el dominio de la escritura tradicional y la tonalidad es algo desconocido para ellos: han empezado la casa por el tejado.

El exceso de pensamiento y esquematismo, y la falta de libertad desde el punto de vista del sentimiento es otro estigma de esta música. Que todo se justifique con la cerebralidad del planteamiento ha provocado verdaderos “mecánicos” de la composición. Y por culpa de esto mismo, se han apegado al oficio de creador personas poco afines al arte musical. El superponer estratos sobre la base del  sentimiento y la inmediatez de la música (que es su mayor virtud) ha provocado esta asfixia en la propia música. De ahí se entiende esa excesiva importancia que dan al análisis de las partituras para poder aspirar a ser compositor de valía.

La cultura de los premios: cuantos más premios tenga un autor, mejor debe ser su música. Es llamativo ver como ciertos autores se han tomado esta actividad como una especialización; gustar al tribunal se ha convertido en muchos casos la prioridad primera. El relativismo y los intereses creados dentro del propio tribunal (y de eso tengo constancia) ha provocado también que el nivel musical descendiera poco a poco ya que no era cuestión tanto de calidad musical como de contactos y simpatías.

La poca duración y representación pública de estas obras contemporáneas;  por lo general su coste no justifica la poca presencia en los escenarios. La música contemporánea se toca muy poco, tras el estreno. Esto hace que nos movamos en una dinámica de continuos estrenos, pero de pocas reposiciones.

El atomismo e individualismo tan exagerado al que ha llegado el compositor, ha hecho que por un lado haya mucha variedad, pero ninguna unidad de estilo. Así ocurre que el auditor anda completamente perdido ante las nuevas creaciones, que como dice el dicho son de su padre y de su madre.

La enseñanza de la composición en los Conservatorios: nada más alejado de la verdadera pedagogía de la composición es el temario de conservatorio;  seguir un esquema para todos igual y la cultura de los trabajos biográficos, como si esto algo tuviera que ver con aprender a componer, es una verdadero lastre: tabula rasa; el verdadero profesor de composición (que debería ser también creador activo) debe potenciar y apoyar el talento de su alumno desde la perspectiva de la creación activa personalizada y no desde la intromisión o coerción académica. La frase del típico profesor: es que yo aquí haría algo diferente, es muestra de todo esto. Además se implanta la idea de que hay que llegar a ser un gran compositor, sino tu carrera ha sido un fracaso; no hay términos medios. Siempre se está con la dichosa comparativa con otros autores, que se toman la composición como una carrera de bólidos, donde se es mejor cuantas más obras se escriban y encargos se tengan, a toda prisa.

No todo es negativo. Claro está que la música de vanguardia ha dado compositores importantes, de gran talento y figura. Miremos el caso de O. Messiaen o G. Ligeti; y dentro de España tres cuartos de lo mismo con autores como Roberto Gerhard, Luis de Pablo o David del Puerto.

Siempre he dicho que las dictaduras son perjudiciales, pero especialmente en un terreno tan maravilloso como el Arte. Imponer gustos y mentalidades artísticas es del todo absurdo e injusto, y además va en contra de la propia naturaleza artística, que es la creación libre.

La música, música es. Debemos escuchar y disfrutar de ella desde lo más profundo de nuestro ser, sin complejos. Hacerla nuestra en el momento de la escucha es la gran experiencia.

Escrito por Carlos Perón Cano
Desde España
Fecha de publicación: Octubre de 2009.
Artículo que vió la luz en la revista nº 0013 de Sinfonía Virtual

El arte contemporáneo es una farsa

El arte contemporáneo es una farsa: Avelina Lésper

SOCIEDAD
Foto: Quien.com
EL SEMANARIO SIN LÍMITES
“La carencia de rigor (en las obras) ha permitido que el vacío de creación, la ocurrencia, la falta de inteligencia sean los valores de este falso arte, y que cualquier cosa se muestre en los museos”, afirmó Lésper.

Ciudad de México.- Con la finalidad de dar a conocer sus argumentos sobre el por qué el arte contemporáneo es un “falso arte”, la crítica de arte Avelina Lésper ofreció la conferencia “El Arte Contemporáneo- El dogma incuestionable” en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) en donde fue ovacionada por los estudiantes.

“La carencia de rigor (en las obras) ha permitido que el vacío de creación, la ocurrencia, la falta de inteligencia sean los valores de este falso arte, y que cualquier cosa se muestre en los museos”, afirmó Lésper.

Explicó que los Los objetos y valores estéticos que se presentan como arte, son aceptados, en completa sumisión a los principios que una autoridad que impone.

Lo que ocasiona que cada día se formen sociedades menos inteligentes y llevándolos a la barbarie. También abordó el tema del Ready Made, sobre el que expresó que mediante esta corriente “artística”, se ha regresado a lo más elemental e irracional del pensamiento humano, al pensamiento mágico, negando la realidad. El arte queda reducido a una creencia fantasiosa y su presencia en un significado. “Necesitamos arte y no creencias”.

Asimismo, destacó la figura del “genio”, artista con obras insustituible, personajes que en la actualidad ya no existen. “Hoy con la sobrepoblación de artistas, estos no son prescindibles y la obra se sustituye por otra, porque carece de singularidad”.

Detalló que la sustitución de artistas se da por la poca calidad de sus trabajos, “todo lo que el artista realice esta predestinado a ser arte, excremento, filias, odios, objetos personales, imitaciones, ignorancia, enfermedades, fotos personales, mensajes de internet, juguetes, etc. Actualmente hacer arte es un ejercicio ególatra, los performances, los videos, instalaciones están hechos con tal obviedad que abruma la simpleza creadora, y son piezas que en su inmensa mayoría apelan al menor esfuerzo, y que su accesibilidad creativa nos dice que es una realidad, que cualquiera puede hacerlo”.

En ese sentido, afirmó que no darle el status al artista que lo merece, ocasiona un alejamiento del arte a las personas, lo demerita, lo banaliza. “Cada ves que alguien sin méritos y sin trabajo real excepcional expone, el arte va decreciendo en su presencia y concepción. Entre más artistas hay, las obras son peores, la cantidad no está aportando calidad”.

“El artista ready made toca todas las áreas, y todas con poca profesionalidad, si hace video, no alcanza los estándares que piden en el cine o en la publicidad; si hace obras electrónicas o las manda a hacer, no logra lo que un técnico medio; si se involucra con sonidos, no llega ni a la experiencia de un Dj. Se asume ya que sí la obra es de arte contemporáneo, no tiene por que alcanzar el mínimo rango de calidad en su realización. Los artistas hacen cosas extraordinarias y demuestran en cada trabajo su condición de creadores, ni Demian Hirst, ni Gabriel Orozco ni Teresa Margolles, ni la inmensa lista de gente que crece son artistas, y esto no lo digo yo, lo dicen sus obras”, aseveró.

Como consejo a los estudiantes, les indicó que dejen que su obra hable por ellos, no un curador, no un sistema, no un dogma, “su obra dirá si son o no artistas, y si hacen este falso arte, se los repito no son artistas”.

Lésper aseguró que hoy día, el arte dejó de ser incluyente, por lo que se ha vuelto en contra de sus propios principios dogmáticos y en caso de que al espectador no le guste, lo acusa de “ignorante, de estúpido y le dice con gran arrogancia, si no te gusta es que no entiendes”.

“El espectador, para evitar ser llamado ignorante, no puede ni por asomo decir lo que piensa, para este arte todo público que no es sumiso a sus obras es imbécil, ignorante y nunca está a la altura de lo expuesto ni de sus artistas, así el espectador presencia obras que no demuestran inteligencia”, denunció.

Finalmente, señaló que el arte contemporáneo es endogámico, elitista; como vocación segregacionista, realizado para su estructura burocrática, para complacer a las instituciones y a sus patrocinadores. “Su obsesión pedagógica, su necesidad de explicar cada obra, cada exposición, su sobre producción de textos es la implícita acotación del criterio, la negación a la experiencia estética libre, define, nombra, sobreintelectualiza la obra para sobrevalorarla y para impedir que la percepción sea ejercida con naturalidad”.

La creación es libre, pero la contemplación no lo es. “Estamos ante a dictadura del más mediocre”.

How Beyonce’s ‘Lemonade’ Reclaims Rock’s Black Female Legacy

Beyonce

“The most disrespected person in America is the black woman,” Malcolm X says in a sample used on Beyoncé‘s Lemonade. “The most unprotected person in America is the black woman. The most neglected person in America is the black woman.” He was talking about society in general, but the same is true of popular art, specifically rock. The female artists who helped build rock are often forgotten, but the re-imagination of what rock can be and who can sing it by Beyoncé and her superstar peers is giving the genre a second life – and may be what can save it.

On Lemonade, Beyoncé’s choice to include both a raucous blues-rock track — “Don’t Hurt Yourself,” featuring Jack White — as well as an Americana romp — “Daddy Lessons” — is as political as the poetry she intertwines with her songs on her visual album. Lemonade is, in part, an album about black legacy, and her choice to tap more fully into rock, a genre she has touched lightly upon before, is an important nod to the often forgotten place black women had in inspiring and forming the genre. Seen in this light, the fierce and vengeful tone of “Don’t Hurt Yourself” takes on a broader cultural meaning.

Black women, particularly black female blues singers, are part of the foundation from which rock & roll was built. The raw, unhinged vocal style and sexual ambiguity of Big Mama Thornton, the innovative guitar playing of Sister Rosetta Tharpe and the frenetic stage presence of Tina Turner shaped our ideas of what it means to not only play but embody rock music. Yet our conception of what the rock musician looks like has become starkly white, boxing black performers into R&B and soul categories no matter how genre-bending they are. During Prince’s lifetime, for example, his music was often labeled as R&B, though his style and guitar playing comes from the rock tradition. One of rock’s biggest innovators, Prince just happened to fuse R&B, funk and pop into his sound as well.

Beyoncé’s own rock moment follows up Rihanna covering Tame Impala on Anti, an album that trades in the EDM production of her biggest hits for funk and psychedelic rock. Alabama Shakes’ Brittany Howard has become the new face of Southern rock, and her band has been given its due with the success of sophomore album Sound & Color, which took home three Grammy Awards at this year’s ceremony as well as a coveted nomination for Album of the Year. The Shakes’ win for Best Rock Song was the first time a black woman had been nominated — and won — in the category since Tracy Chapman in 1997.

The presence of black women in the mainstream performing rock is an act of reclamation, especially at a time when the genre’s clout on radio and the charts is severely diminished. Beyoncé’s choice to not only work with White, a forerunner of the movement to bring back blues-rock in the new millennium, as well as sample Led Zeppelin’s “When the Levee Breaks,” which was itself a reworked version of a song by black Delta blues artists Kansas Joe McCoy and Memphis Minnie, is a shrewd statement on the genre’s complex lineage. She re-appropriates a hard-rock version of a blues classic that gained more traction and recognition than the original, while teaming up with the new standard bearer for the intermingling of blues and rock.

Even while in Destiny’s Child, Beyoncé toyed with white rock samples. The girl group’s single “Bootylicious” famously interpolates Stevie Nicks’ “Edge of Seventeen,” while 1999’s “Bug a Boo” samples Toto’s “Child’s Anthem.” On Lemonade, she samples various new-millennium rock luminaries, including the Yeah Yeah Yeahs (on “Hold Up”) and Animal Collective (on “6 Inch.”). In concert, she’s covered songs like Kings of Leon’s “Sex on Fire” and, most recently, the Doors’ “Five to One,” and has sung with Eddie Vedder and Coldplay. Her exploration of rock has been ongoing, though the act of producing a full track of raucous, shivering new-blues to express her anger and resentment towards her husband is a sonic shift, and one that she pulls off impressively well.

“Don’t Hurt Yourself” is only the latest chapter in a rich historical narrative. Since the Fifties and Sixties, black female singers have covered white rock artists and vice versa, though the former have often seen bigger success with their versions. Big Mama Thornton’s “Hound Dog” and “Ball and Chain” are more inextricably linked to Elvis Presley and Janis Joplin, respectively. Tina Turner reversed the tide when the Ike and Tina Turner Revue’s cover of the Beatles’ “Come Together” – performed while opening for the Rolling Stones in 1969 – helped them achieve their breakthrough after struggling with being referred to as “too pop” by soul stations and “too R&B” by white stations. Later, their cover of Creedence Clearwater Revival’s “Proud Mary” became the Revue’s biggest hit and flipped the standard narrative of white rock artists appropriating black music.

In a 1971 Rolling Stone cover story, Tina Turner discussed the Revue’s “move to interpreting white rock and roll,” which Turner called “quite natural.” She remembered being drawn to “Come Together” while in a Seattle record shop and wanting to do it onstage, which led to fans begging for a recording. “And we said, ‘What’s so great about it? We’re doing it just like the Beatles or the Rolling Stones,'” she said. “And they said, ‘No, you have your own thing about it.’ So when we cut the album, we were lacking a few tunes, so we said, ‘Well, let’s just put in a few that we’re doing onstage.’ And that’s how ‘Proud Mary’ came about.”

As a solo artist, Tina Turner’s earliest albums featured covers of white artists. She tackled Bob Dylan, James Taylor, Dolly Parton and Kris Kristofferson on 1974’s Tina Turns the Country On! before revamping the Stones’ “Under My Thumb,” the Who’s “Acid Queen” and Led Zeppelin’s “Whole Lotta Love” on 1975’s Acid Queen. In 2008, Turner would revive her cover of “Proud Mary,” performing it with Beyoncé at the Grammy Awards after the younger artist offered a speech on the history of black female artists, which cast Turner as the meeting point of all of them.

Beyond Turner, many women from her generation reclaimed rock in their own ways: Aretha Franklin covered the Beatles’ “Let It Be” and “Eleanor Rigby,” the Stones’ “(I Can’t Get No) Satisfaction” and Simon and Garfunkel’s “Bridge Over Troubled Water” on her late-Sixties and early-Seventies albums. Mavis Staples, one of the most influential R&B and gospel singers of the past half-century, has experienced an Americana renaissance in recent years, having found a fruitful collaborative partner in Wilco’s Jeff Tweedy for her 2013 LP One True Vine while working with a slew of younger songwriters on this year’s Livin’ on a High Note, including Neko Case, Nick Cave and Benjamin Booker. And last year, with help from Steven Van Zandt, Darlene Love released Introducing Darlene Love, which featured new songs written by Bruce Springsteen, Elvis Costello and others.

While guitarists like Keith Richards and Eric Clapton have been effusive about the black male blues guitarists who have shaped their playing, nods to the likes of Tharpe, Thornton and Turner are few and far between. “I learned a lot of things from Tina,” Mick Jagger said in a 1981 interview with People, in which Turner revealed how she taught the Stones frontman how to dance. Janis Joplin paid tribute to Thornton’s influence by taking the singer she famously covered out on tour with her as her fame escalated because of the cover. Robert Plant, a vocalist whose style most clearly evokes traditional female blues singers, covered a Sam Phillips song called “Sister Rosetta Goes Before Us” with Alison Krauss in 2007, paying tribute to Tharpe.

On Lemonade, Beyoncé pays her own tribute by proving she’s a quick study of the blues-rock form. On “Don’t Hurt Yourself,” she swaggers and roars, evoking the gritty garage style her collaborator has been known for. Her anger is tempered by a steady funk bass line, then mirrored by the roar of the track’s crunchy riff, like a new generation’s “Whole Lotta Love” or, if the verses were slowed down, “Babe I’m Gonna Leave You.” The twang of her Texas accent comes to the fore on “Daddy Lessons,” a track on which she even embraces the traditional folk trope of familial history. Still, both songs are entirely Beyoncé, much in the way Tina Turner transformed “Proud Mary.” This tradition has always been in her, and much in the same the way that she channels black historical trauma in her most recent opus, she channels the erasure of forgotten black female voices as well.

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Craig Morgan Announces New Album ‘A Whole Lot More to Me’

Veteran country hitmaker Craig Morgan (“That’s What I Love About Sundays,” “Redneck Yacht Club”) has revealed the details behind his ninth studio album, an introspective project aptly titled A Whole Lot More to Me.

Morgan co-wrote nearly half of the album’s 12 tracks and for the first time co-produced the set with recording wiz Byron Gallimore (who has also guided projects by A-listers including Tim McGraw, Faith Hill and Lee Ann Womack). According to Morgan, the album was almost a full year in the making and finds him at the height of his musical powers.

“I’ve got a renewed energy with this record,” he says of the project, due out June 3rd. “In fact, I’m at the pinnacle of my career — producing, singing and touring. And this album epitomizes that. It’s all about living to the fullest, and when people hear it, I know they’ll relate it to their own lives.”

The album’s uplifting first single, “When I’m Gone,” was released last fall, and Morgan plans to tour all summer with dates already lined up all across the country. He also hosts Craig Morgan: All Access Outdoors on the Outdoor Channel, which will soon begin its seventh season.

Craig Morgan’s A Whole Lot More to Me track list:

1. “I’ll Be Home Soon” (Justin Ebach/ Steven Dale Jones/ John King)
2. “Living On Memories” (Craig Morgan/ Scott Stepakoff/ Josh Osborne)
3.  “All Cried Out” (Wendell Mobley/ Neil Thrasher/ Busbee)
4. “A Whole Lot More To Me” (Craig Morgan/ Mike Rogers)
5. “Hearts I Leave Behind” featuring Mac Powell (Nick Sturms/ Travis Meadows)
6. “Country Side Of Heaven” (Eric Paslay/ Dylan Altman/ Shane McAnally)
7. “Nowhere Without You” (Michael McDonald/ John Goodwin)
8. “I’m That Country” (Craig Morgan/ Mike Rogers/ Kevin Denney/ Tom Botkin)
9. “When I’m Gone” (Justin Ebach/ Steven Dale Jones)
10. “Who Would It Be” (Dylan Altman/ Will Hoge/ Gordie Sampson)
11. “Remind Me Why I’m Crazy” (Craig Morgan/ Jim McBride/ Phil O’Donnell)
12. “Can’t Wait To Stay” (Craig Morgan/ Phil O’Donnell)

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